Postergada

Gon

Gon

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Llevo un tiempo (no sé cuánto) postergándome. Dejándome atrás, en segunda fila. Poniéndome en la lista de espera de la vida. Olvidándome de mí misma. Postergándome en definitiva.

Es una sensación. Algo sutil y poco definido. Un destello. Pero está y pesa como el plomo. Lo que intuyo (porque creo que todavía no he conseguido desplegarlo del todo frente a mí) es que me dejo para luego, para más tarde: relego lo que siento, quiero y ansío. Toda yo queda en un segundo plano mientras atiendo a otras necesidades que no son mías (aunque con el tiempo las haya ido interiorizando). ¿Por qué lo hago? No lo tengo muy claro, la verdad, aunque siento que detrás de no hacer lo que quiero con mi vida se esconde el miedo a hacer lo que quiero con mi vida.

Me explico. Ponerme en el sitio que corresponde, reconocer que quiero hacer esto o aquello y vivir lo que me apetece supone romper con una parte de mi misma, salir del carril, dar un volantazo. Supone dejar morir una parte de mí que ya conozco para abrirme a una parte de mí que todavía no se ha manifestado; una parte que quizá, todavía esté cogiendo forma.

Siento que mi nueva yo está ahí. Agazapada y latente, esperando a ser activada. Y siento también el profundo terror (es más que miedo) que me genera la posibilidad de que llegue el momento de dejarla salir. Me da miedo lo desconocido, aunque sea yo misma, aunque sea una parte de mí. La nueva yo crece poco a poco y con el ella el miedo al desgarro, a que se rompa el jarrón, a que llegue algo nuevo. A perder el control. A dejarse ser. Simplemente y con todo lo que eso conlleva. Y, sin embargo, sé que va a pasar. Es imposible contenerse para siempre. Bueno, es posible, pero tiene una factura enorme que pasa por la tristeza, el dolor, la enfermedad y la desconexión con la vida (aquella que realmente quieres vivir, la que te sale de las entrañas).

Así que llegará. La balanza que oscila entre el miedo y la confianza cederá, seguro, del lado de esta última y se abrirá (una vez más) la caja de pandora.

Se abrirá porque así tiene que ser y por qué de eso va la vida: de evolucionar y revolucionarse internamente cada equis tiempo. Va asumir que hay que lidiar con nuevos retos, aunque eso suponga salir de la zona de confort que con tanto mimo y trabajo construiste durante los últimos años. Va de volver a salir al mundo para conquistar nuevas metas, que no están fuera, que simplemente son retos que el alma materializa fuera, a través de las experiencias, para ir creciendo. Para aprender y ser más sabios. Aunque eso suponga desmoronarse. Caerse con todo el equipo. Aunque eso suponga dejar atrás caras, paisajes y vivencias que te hicieron feliz y te nutrieron, pero que quizá ya no lo hacen. Sí, esto va de ser valiente.

Y la lucha se libra dentro, hacedme caso. Es dentro dónde se juegan las bazas, donde se apuesta y se gana, porque eso sí, siempre se gana (incluso cuando uno piense que ha perdido). Porque si el camino se hace haciendo caso al corazón, al ser, a lo que clama el alma desde lo más profundo de dentro, entonces, no hay camino errado. Simplemente es camino. Y ya.

Pues eso, que aquí me quedo: temerosa y oscilante. Decidida a dar el paso cuando llegue el momento. Gestando mi nueva yo. Deseando ver porque nuevos derroteros me lleva

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